La inteligencia emocional en la adolescencia

La inteligencia emocional
en la adolescencia.

Ni más ni menos que porque la hemos vivido, sabemos que la adolescencia es un periodo particularmente inestable, producto de grandes cambios físicos, psicológicos y cognitivos. La rebeldía adolescente es esa manifestación frente a la dicotomía que supone dejar la niñez y acercarse al umbral de la vida adulta.

Más allá de las épocas y de las diferencias culturales y/o sociales, las realidades que conlleva el camino de la adolescencia, sigue manteniendo similitudes atemporales y universales inalterables. Es así que independientemente de que haya cambiado la forma de comunicación y los códigos para ello, las situaciones por las cuales “adolecen” son básicamente las mismas que hemos vivido todos en ese período tan ambivalente entre la libertad adulta y la protección infantil.

“Sube y baja emocional”

En este período de alternancia y rebeldía, el adolescente transcurre en medio de un vaivén emocional, experimentando sentimientos de vacío interior, de angustia profunda, de exaltación desmedida, de tristeza por la pérdida de privilegios de niños y felicidad por la consecución de pequeños logros adultos. Todos ellos, tal vez, en el mismo día, sencillamente porque siente, canaliza e improvisa: hace lo que puede y como puede.

Hay un método de prueba y error y un estado de sube y baja emocional que ocurre todo el tiempo en esta etapa. De hecho, muchos lo hemos “padecido” y nos hubiera gustado no padecerlo tanto.

Aún así, veíamos como algunos otros pares tenían la capacidad de capitalizar mejor las experiencias y curiosamente, no eran los más inteligentes -intelectualmente hablando-, sino los que se veían más equilibrados, los que estaban más tranquilos cuando nadie más lo estaba, los que eran conciliadores cuando la mayoría perdía los estribos, los que sabían cómo hacerse oír y los que siempre tenían la palabra justa… ¿Privilegiados? ¿Excepciones? ¿Elegidos?

No sabemos cómo lo hacían pero sí sabemos que esas habilidades para saber ser y estar, hoy son susceptibles de aprendizaje, mejorables y desarrollables ya que existen herramientas que efectivamente permiten al adolescente conectarse con él y con su entorno de un modo más saludable y emocionalmente más inteligente.

Inteligencia Emocional: la herramienta para jóvenes líderes.

Habitualmente, cuando se mencionan herramientas para adolescentes, la asociación natural que se desprende del imaginario colectivo refiere a jóvenes con problemas. No obstante, nada menos certero. Frente a una problemática particular (cualquiera sea), existirá un tratamiento o una solución específica, efectiva y bienvenida.

Ahora bien, frente a un proceso natural evolutivo, la Inteligencia Emocional es un instrumento que permite al adolescente hacer frente a toda esa vorágine de cambios, explorar sus potencialidades y lograr un brillo propio y natural, producto de entenderse, conocerse y aceptarse.

Autoestima, seguridad, responsabilidad y confianza. Y si es posible, exactamente en ese orden. Veamos un poco más.

¿En qué trabaja la IE en los adolescentes?

En su autoconocimiento. Implica reconocer los propios estados de ánimo, recursos, fortalezas, debilidades e intuiciones. Conciencia emocional. Correcta autovaloración. Autoconfianza.

En su autorregulación. Aprender a gestionar los propios estados anímicos, emociones perturbadoras e impulsos. Autocontrol. Responsabilidad. Integridad. Adaptabilidad.

En su automotivación. Conocer las tendencias emocionales que guían o facilitan el cumplimiento de las metas. Compromiso. Iniciativa. Optimismo.

En su empatía. Implica tener conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás. Comprensión. Asertividad.  

En sus habilidades sociales. Comunicación. Liderazgo. Colaboración. Escucha Activa.

Los adolescentes aprenderán a:

  • Ejercer el control sobre sus vidas.
  • Visualizar las metas en la mente.
  • Aumentar los niveles de percepción emocional.
  • Mejorar sus relaciones en todos sus entornos.
  • Tomar mejores y más prudentes decisiones.
  • Disminuir sus niveles de estrés social.
  • Desarrollar su productividad personal.
  • Potenciar su seguridad y su confianza.
  • Lograr un mayor nivel de bienestar psicológico y social.

La finalidad es generar líderes comprometidos con sus vidas y sus entornos, que identifican y logran sus metas a corto y largo plazo y, sobre todo, toman conciencia sobre la contribución tan importante que ellos le pueden generar a la sociedad y al mundo.

Y dejo esta maravillosa cita del inolvidable Nelson Mandela, para todos quienes ya pasamos esta etapa (incluso hace tiempo): No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuanto has cambiado tú.

Si quieres más información sobre el trabajo que hacemos en Emotiva en cuanto al trabajo de la Inteligencia Emocional de nuestros adolescentes, pincha aquí. 

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