La eficacia de la Psicología Positiva en el ámbito de la salud.

La Psicología Positiva en el ámbito de la salud.

Todos estamos expuestos a vivir situaciones complicadas de salud física y/o psíquica; aunque los que más conocen del tema son los profesionales de la salud, que son testigos activos y directos de muchas de esas circunstancias.

Esto los coloca, inexorablemente, en una posición desde la que pueden actuar como verdaderos catalizadores del desarrollo de las fortalezas cognitivas y emocionales de los pacientes, para ayudarlos a conectar con sus recursos personales y sobrellevar de la mejor manera el tratamiento de cualquier patología. Es uno de los motivos fundamentales por los que la Psicología Positiva se ha instaurado con fuerza dentro del ámbito de la salud.

Al efecto, Martín Seligman, uno de los padres de la Psicología Positiva, estudió el papel de ciertas experiencias negativas en el desarrollo de la depresión. Observó que si una persona se consideraba desvalida frente a una situación, entonces no intentaba modificarla. Las personas deprimidas se veían a sí mismas como indefensas, y eso interfería en su capacidad para detectar las conductas necesarias para salir de una situación compleja.

Seligman se planteó posteriormente la pregunta inversa: ¿Qué hace que una persona que confíe en poseer los recursos necesarios para enfrentar situaciones futuras? Así nació la Psicología Positiva, destinada a estudiar las emociones positivas y el optimismo.

La Psicología Positiva (PsP) apunta a dar respuesta y recursos a las personas que necesitan de ellos para transcurrir dificultades. Recursos como la capacidad de adaptación, de superación de adversidades y crisis, de gestión de los recursos emocionales propios y ajenos, de capacidad de comunicación eficaz, de optimismo y de creatividad para resolver dificultades o desarrollar perspectivas diferentes.

Ayudar a las personas a conectar con sus recursos y fortalezas es un recurso invaluable.

La experiencia ha demostrado que negar cualquier situación, por más adversa que sea, lo único que hace es profundizar las emociones desagradables, como el miedo, la angustia, la indefensión y/o el desasosiego.

La Psicología Positiva trabaja en el conocimiento y la aceptación de las circunstancias, para luego desarrollar estrategias basadas en la estimulación de las emociones agradables de la persona, como la alegría, la ilusión y la esperanza. Todas ellas, emociones presentes en las personas resilientes.

Efectivamente, la PsP se vincula estrechamente con el concepto de resiliencia. Una persona resiliente sufre, siente y padece, pero no se recrea en estas emociones o en el dolor, sino que lo acepta como parte del proceso adverso. La resiliencia es la capacidad que muestran muchas personas para atravesar circunstancias difíciles o trágicas y salir fortalecidos de ellas. Más que un rasgo innato, es producto de un aprendizaje exitoso. Ocurre cuando, cambiamos la pregunta: “¿qué puedo hacer para dejar de estar mal?”; por la pregunta: “¿qué puedo hacer para sentirme mejor?”

En este sentido, y sobre todo en estos procesos de afrontamiento, es de vital importancia que los profesionales de la salud tengan herramientas para trabajar con los pacientes sobre sus rasgos positivos y el cultivo de sus fortalezas personales, por ejemplo:

  • Crear metas positivas. Cultivar cualidades positivas, como esperanza, gratitud, amabilidad, curiosidad, optimismo, creatividad y la perseverancia. Es decir, centrado en desarrollar las fortalezas, en vez de convivir con las debilidades.
  • Disfrutar emociones agradables. Identificar las cosas que hacen bien. Dentro de lo negativo, siempre hay algo positivo. Hay que aprender a disfrutar sin cuestionar, a transcurrir el presente sin pensar en el futuro o el pasado; sin pensar que se va a acabar o que vendrá algo malo después. Aprender a vivir el momento y a disfrutar de él.
  • Cultivar la esperanza. La esperanza significa confiar en que es posible alcanzar la meta y/o el deseo. Es una de las cualidades más valiosas porque fortalece el espíritu de lucha, ayuda a superar los malos momentos, empuja para seguir adelante, aún cuando parece que no hay más camino y aporta una sensación de confianza y calidez interior.
La Psicología Positiva ha demostrado su eficacia para: 
  • Reducir la alteración emocional.
  • Mejorar la adaptación a las nuevas situaciones.
  • Facilitar el paso por la enfermedad con un menor desgaste psicológico.
  • Contribuir a una mayor recuperación a todos los niveles: físico, psicológico y social.
  • Cultivar el optimismo, el buen humor y la prevalencia de emociones agradables, como la esperanza y la satisfacción, permiten conseguir un mayor bienestar incluso en circunstancias adversas.

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Cristina Albendea. Directora Emotiva CPC

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