Dislalia

En Emotiva tratamos con niños que presentan dificultades del habla, desde una perspectiva rehabilitadora, compensadora e integradora, para mejorar las dificultades objetivas y para potenciar fortalezas.

La dislalia es un trastorno en la articulación de los fonemas o grupos de fonemas por alteraciones funcionales de los órganos periféricos del habla: lengua, labios, paladar, mejillas y dientes.     Puede afectar a cualquier consonante o vocal y son muy frecuentes en la infancia, sobre todo en los primeros años escolares. Por ello, cuanto antes se trate o se intervenga con el niño/a, el resultado será más positivo. El cerramiento fonológico se produce entre los 6/7 años, por ello resulta más complicado integrar y rehabilitar en este aspecto al niño, pues su plasticidad es menor a partir de estas edades. Con una adecuada intervención la mayoría de las dislalias suelen desaparecen.

Si estás interesado en conocer más de cerca nuestra metodología para trabajar en este campo de acción, rellena el formulario. Nos pondremos en contacto contigo para concertar una cita y conocer mejor tus necesidades.

¿Cómo se interviene una dislalia?

La intervención de la dislalia hace referencia al conjunto de estrategias, procedimientos y técnicas que se ponen en juego para lograr una serie de objetivos sobre el proceso del desarrollo lingüístico.

Esta intervención puede ser indirecta y directa:

  • Intervención indirecta: se orienta hacia las bases funcionales de la articulación: audición, habilidades motoras de los órganos articulatorios y respiración.
  • Intervención directa: intenta la articulación del fonema-problema y su generalización en el lenguaje espontáneo a través de actividades articulatorias.

Para trabajar con las dislalias, como especialistas nos planteamos varios a pasos:

  1. Llevar a cabo tareas de prevención y estimulación del lenguaje oral y escrito, especialmente en Educación Infantil, a través de programas de estimulación del lenguaje oral.
  2. Realizar evaluaciones logopédicas para detectar los problemas que a nivel de lenguaje y/o comunicación presente el niño/a y obtener con ello un diagnóstico que permita elaborar el programa de intervención logopédica.
  3. Llevar a cabo el tratamiento o intervención con el alumno/a (atención directa), teniendo en cuenta el tipo de intervención más adecuado, número de sesiones, etc.
  4. Orientar y dar pautas a los padres.
  5. Participar en la elaboración y desarrollo de programas relacionados con la comunicación y el lenguaje.
  6. Coordinarse con tutores y demás profesionales que intervengan con los alumnos/as con NEE.
  7. Llevar a cabo una valoración y seguimiento de los casos.

No obstante, siempre hay que tener en cuenta cómo afecta este trastorno  a las relaciones interpersonales del niño, observando si le suponen una barrera para comunicarse con su entorno. Puede resultar consecuencia de bloqueos emocionales, en relación directa con inseguridades y baja autoestima derivada de sus problemas de articulación, de los que cuanto mayor sea el niño, más consciente se hace de ellos. Por ello no debemos perder de vista este aspecto e intervenir en ello si también fuera necesario.

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