Adolescentes y Pereza

La pereza es un término que procede del latín pigritia, y puede emplearse para nombrar la desidia o cierta flojera, que algunas personas sienten y les hace no poner interés, empeño y posponer actividades, que deberían cumplir.

Las personas gastan energía con cada acción que realizan, por lo que se mueven a realizarlas cuando valoran un beneficio en cuestión. El hecho de que, en ocasiones, uno prefiera el reposo al beneficio, puede estar provocado por distintos motivos, incluso física y patológicamente, lo que excede a la voluntad de la persona.

Por todo esto, se considera que la pereza es negativa, dado que tanto el esfuerzo como la responsabilidad, son valores destacados en nuestra sociedad.

Comúnmente, los adolescentes suelen tener mala fama en relación a la pereza, con ejemplos tales como quedarse despiertos hasta tarde, llegar tarde al centro de estudios por haberse quedado dormidos y dormirse en clase, retrasar las tareas y acciones que implican responsabilidad, o la falta de estrategias para gestionar su tiempo de manera eficaz.

La adolescencia es el período del desarrollo humano inmediatamente posterior a la niñez y previo a la adultez, durante el cual ocurren los principales cambios biológicos, sexuales, sociales y psicológicos que darán como resultado un individuo maduro. Lo que implica cambios y gasto de energía importante, tanto a nivel fisiológico como mental.

Algunos estudios recientes han demostrado que los patrones de sueño de los adolescentes difieren de los que tienen los niños y los adultos. Lo que ha permitido constatar que durante la adolescencia el ritmo de nuestro cuerpo (una especie de reloj biológico interno) experimenta un reajuste temporal, indicándoles a los jóvenes que se duerman y se despierten más tarde.

Estos cambios en el ritmo circadiano coinciden con una etapa en que los adolescentes están más ocupados de lo que lo habían estado en su vida. Para la mayoría de los jóvenes, la presión de rendir en los estudios es mucho mayor que la que tenían durante la infancia y es más difícil aprobar sin estudiar muchas horas. Además el exceso de tareas, en ocasiones, hace que los jóvenes tiendan a posponer y dejar para otro momento, las responsabilidades cotidianas, provocándoles perjuicios en el rendimiento escolar y las relaciones familiares.

Hay diferentes maneras de dilación de actividades, lo que se conoce como procrastinación. Podemos identificar 3 tipos de patrones básicos:

  • Los que esperan hasta el último momento y prefieren rendir bajo la sensación de estrés y euforia.
  • Los que evitan tanto el éxito, como el fracaso y el miedo a las expectativas de los demás les limitan.
  • Los que no se sienten capaces de tomar decisiones ante cualquier tipo de responsabilidad, por el miedo a los resultados de las mismas.

Para combatir la sensación de pereza ante una tarea podemos promover los siguientes aspectos:

  • Conocerse a uno mismo y conocer cuál es mi contexto, mis fortalezas y debilidades, así como mis posibilidades de acción y experiencias pasadas frente a las tareas.
  • Aprender a gestionar el tiempo, a través del uso de agendas, diarios de actividad, cuadrantes semanales o mensuales que puedan ayudarnos a hacer autoevaluación de las estrategias de planificación y poder comparar el rendimiento con los resultados obtenidos, por ejemplo en el estudio.
  • Reflexionar e identificar objetivos propios, intereses y motivaciones que me llevan a realizar una acción determinada.
  • Establecer plazos y compromiso consigo mismo, ayudándose de la conexión con la recompensa del acto en sí “¿para qué hago esto…?”, “¿cómo voy a sentirme después de hacerlo?”, “¿cómo voy a sentirme cuándo lo consiga”?.
  • Cuando voy a realizar una tarea que no me gusta, es importante eliminar distracciones y hacerlas en ambientes productivos, combinando a veces otro elemento motivador que me ayude a enfocarme, como por ejemplo usando una música que me gusta o relaja.
  • Un plan de acción eficaz me ayudará a eliminar miedos. Realizar una lista de posibles dificultades y posibles soluciones a las mismas, puede ofrecerme seguridad a la hora enfrentarme a la tarea.
  • Saber aprender de los errores y los éxitos, generando nuevas ideas acerca de las cosas de debo mantener y tener claro qué debo mejorar.
  • Si me cuesta mucho una tarea determinada, llevarla a cabo en tiempos cortos. Para poder permitirme pausas y pequeñas recompensas que me ayuden a recargar energía y poder, además, ir evaluando mi progreso con satisfacción.

 

 

Carolina Pérez Ruiz.

Emotiva CPC.

 

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