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Un buen docente marca la diferencia

La Psicología Positiva en la escuela.

Durante los últimos años, la labor docente se ha ido haciendo más compleja. Las actividades curriculares, los proyectos y el tiempo finito para cumplir con todo ello, dificultan el espacio para crear ambientes positivos de aprendizaje, en donde se estimule a los alumnos en el desarrollo de sus potenciales y fortalezas. Esta es una de las claves de la Psicología Positiva. 

Los educadores son generadores de patrones emocionales, actitudinales y motivacionales que delinearán el perfil adulto de sus alumnos.

La educación debe sustentarse en modelos que incorporen al ser humano en su completitud. La escuela constituye uno de los contextos de desarrollo más importante para el niño, no sólo por la naturaleza y nobleza de sus objetivos, sino también por su papel social, por ser el lugar en donde el niño vivencia -hasta su juventud-, sus interacciones emocionales con sus pares y con adultos.

Por ello, es cada vez más habitual que profesores y maestros recurran a diferentes metodologías que les permitan estimular el aprendizaje y el desarrollo de las competencias afectivas y sociales de sus alumnos, que muchas veces, se las infravalora: el optimismo, la disposición al juego, la confianza en la propia competencia y el sentimiento de compenetración.

Las actividades lúdicas, sobre todo aquellas que ofrecen espacio a la creatividad y a los cambios, a la improvisación, a la solución de problemas, a la colaboración y a la búsqueda de alternativas, constituyen el trabajo esencial de un niño. Cuando identificamos problemas de aprendizaje enseguida lo asociamos con la hiperactividad o con una falta de rendimiento concreta y lo que obviamos contrastar es el miedo, la vergüenza y/o la inhibición…todo eso que suele erradicarse poco a poco, a través del juego.

Enseñar a pensar, a ser persona y a convivir.

Los maestros y profesores que aplican la Psicología Positiva, incentivan a sus alumnos a que descubran sus intereses específicos, aquello que les fascina y aquello para lo que tienen talento.Además, tomarán conciencia de las bondades de ayudar y dejarse ayudar, afirmarán su autoestima cuando sean capaces de conseguir pequeñas cosas y sabrán compartir la alegría con los otros por los logros compartidos. De alguna manera, se estarán abriendo al camino que los enriquece y que, en definitiva, los llevará a ser más felices.

Sin embargo, para que esto ocurra, cada docente debe saber leer a su alumnado para atender sus preocupaciones, valorar sus capacidades y detectar sus pasiones. Para ello, es necesario partir de la base de que, si bien todos difieren en sus capacidad intelectual, su capacidad de aprendizaje, su contexto familiar, social y su emocionalidad, todos tienen fortalezas y virtudes particulares que los convierten en originales, creativos, únicos e irrepetibles.

Lo cierto es que muchas veces, la masividad de los cursos anestesia la personalización, y con ella, las pasiones, el entusiasmo y la capacidad de disfrute de ambas partes.

Y, lamentablemente, esto ocurre más habitualmente de lo que nos gustaría. ¿Por qué motivo, sino, los chicos no se ven entusiasmados por la vuelta al cole o no proyectan en la escolaridad un sitio de gozoso aprendizaje?

Máster en Psicología Positiva.
Un buen docente hace la diferencia.

Este Máster en Psicología Positiva está centrado concretamente en ampliar los conocimientos y habilidades de los docentes para que sean capaces de promover, estimular y realizar acciones que ayuden a su comunidad de alumnos a lograr el bienestar, por ejemplo:

  • Ser parte de actividades en las que se ponga en juego la creatividad.
  • Superar las adversidades. Aprender a ser resilientes.
  • Cultivar los vínculos, aprender a comunicarse, a escuchar y a respetar.
  • Desarrollar la atención plena en las cosas que suceden. Fluir.
  • Descubrir fortalezas propias, explorarlas y darles vuelo.
  • Incentivar el sentido del humor.
  • Aumentar la percepción de autoeficacia.
  • Desarrollar nuevas habilidades.

Todas estas experiencias de bienestar, placer e interés fomentadas en el aula desde edades tempranas promueve que los niños crezcan de manera más sana, reconociendo y desarrollando toda esa multitud de recursos en cada uno, aplicándolos de manera natural, con ellos mismos y con los demás.

Para los docentes también constituye una herramienta poderosa porque hace que la experiencia de enseñanza-aprendizaje sea placentera para ambas partes. Cuando este ida y vuelta se desarrolla bajo esta consigna se aprende más rápido, se recuerda mejor la información, se despierta la curiosidad por saber más y se incentiva la participación, el debate y la conjunción de todas las voces.

La Psicología Positiva nos permite aprender sobre aquello que “funciona bien”, que “nos sienta bien” y que nos hace bien en nuestras vidas.

Si quieres más información sobre cómo formarte en estas herramientas de Psicología positiva, pincha aquí.

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